Esta segunda vivencia experimental me tocó ir a Llanavilla, debido a que durante la planificación de
las actividades para la visita a casita de la paz nos separamos por grupos de
acuerdo al curso que debíamos enseñar, Yo era parte del grupo de matemática, donde
días después nos avisaron que debíamos apoyar a los grupos de matemática de
Llanavilla. Así fue como Dyana y yo fuimos los únicos en integrar al equipo de
enseñanza para 2do, 3ro, 4to y 5to grado. Dos días antes del viaje mi grupo tenía
que programar la sesión que íbamos a realizar en la clase, el tema era sobre
suma y resta con simbología, junto con Laura busqué algunos libros que tengan
que ver con estas técnicas y algunos ejercicios que usaríamos el sábado como
ejemplos.
Al llegar al colegio de
Llanavilla en Villa María del triunfo, eran maso menos las 2:30 de la tarde
cuando la clase de inglés estaba a punto de terminar. Al entrar al salón no
sabía qué hacer, estaba un poco nervioso por la cantidad de niños y lo ruidosos
que eran, La parte de la presentación la omitimos, pues se supone que el grupo ya se conocían con los niños. No tenía
idea de cómo empezar con la clase, así que decidí encargarme del orden para que
todo pueda estar en silencio, poco a poco fui ganándome la confianza de cada
uno. Yo, que normalmente no entablo conversaciones con gente que recién conozco,
me esforcé para garantizar que cada niño haya entendido lo que explicamos en la
clase. Hubo un momento donde tenía que explicar la clase y hacer de profesor
unos minutos, fue allí donde descubrí mi capacidad de liderar y explicar algo a
un grupo de personas. Me sentí orgulloso de mi mismo, porque yo hasta ese día
odiaba hablar en público. Las técnicas que utilizamos para el aprendizaje de
los niños fueron mediante símbolos, esto es muy importante para ellos, ya que
con figuras la memoria desarrolla mayor capacidad de retener información, en
lugar de hacer una clase teórica y aburrida. Finalmente terminó la hora que nos
otorgaron para enseñar matemática y tuvimos que despedirnos de cada persona que
había pasado una linda tarde con nosotros, fue una gran experiencia donde
afrontamos un reto que en comunidad pudimos superar organizándonos por dejarles
alguna enseñanza. Otra sorpresa que me lleve de aquel día fue el descubrimiento
del líder que hay dentro de mí y lo capaz que soy de dirigir un equipo. Por
último también encontré ahora sé que me encuentro muy comprometido con todos
esos niños que tienen ganas de aprender, pienso que estoy dando mi 100 % y que
cada día estoy dispuesto a relacionar esto con el sentido de mi vida, que es
entregar mi ladrillo para construir la ciudad de Dios.


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